El mercado global de granos se encuentra bajo el dominio creciente del precio del petróleo, lo que exacerba la presión sobre el suministro y el costo de los fertilizantes, un factor que la Organización Mundial de Comercio (OMC) ha calificado como «el problema número uno» debido a su impacto directo en la producción de alimentos.
El alza sostenida en las cotizaciones del crudo, junto con las incertidumbres sobre la disponibilidad y los costos de los fertilizantes, particularmente los nitrogenados, constituyen el eje central de preocupación para los operadores de granos. Esta semana, la decisión de Estados Unidos de incrementar su mezcla de biocombustibles, replicada en Argentina, proporcionó un impulso adicional a la demanda de oleaginosas, fijando un nuevo umbral mínimo.
Los conflictos en Medio Oriente continúan generando repercusiones directas en las estructuras de costos. Uruguay, por ejemplo, enfrentará un ajuste ‘extraordinario’ del 7% en el precio de los combustibles a partir del 1° de abril, en un período crítico para la cosecha de arroz y la siembra de pasturas, aunque se introdujeron medidas de apoyo financiero para el sector. En su asamblea anual, la OMC enfatizó que la escasez de fertilizantes representa ‘el problema número uno’, principalmente por el bloqueo del estrecho de Ormuz y la afectación de infraestructuras energéticas en el Golfo Pérsico. Esta situación genera una cadena crítica: la falta de gas natural interrumpe la producción de fertilizantes, lo que a su vez reduce el rendimiento de los cultivos y agrava el riesgo de inseguridad alimentaria global.
Dentro de este complejo panorama, las oleaginosas han mostrado una recuperación más ágil, mientras que los cereales exhiben una reacción más pausada. Sorprendentemente, el arroz experimenta un repunte significativo en el sur de Brasil, un referente clave para Uruguay, impulsado por el período de plena cosecha en el Cono Sur. Al cierre semanal, el mercado de granos reflejó un aumento del 3,3% para el aceite de soja, cotizaciones estables para la soja y el maíz, un alza del 1,3% para el trigo, y una subida más moderada para la colza en las bolsas europeas, que, al igual que el girasol, mantiene una ventaja considerable sobre los granos con menor contenido de aceite.
En un entorno marcado por la incertidumbre bélica en Medio Oriente y la escalada de los precios de los hidrocarburos, el gobierno estadounidense aportó claridad al confirmar un incremento superior al previsto en el uso de aceites vegetales para la mezcla de biodiesel, como parte de sus nuevas directrices en biocombustibles. Esta medida, que establece un nuevo nivel mínimo de demanda para la soja y su aceite, ya había sido descontada por los operadores, impulsando un aumento del 9% en el precio del aceite de soja durante marzo. Tras el anuncio oficial, las cotizaciones diarias en la Bolsa de Chicago experimentaron un leve retroceso debido a la toma de ganancias, cerrando la semana en US$ 432 por tonelada para la posición de julio, sin cambios significativos respecto a la semana previa, pero 1,2% por debajo del pico de US$ 437/ton del jueves. En el mercado local, la soja se negoció el viernes entre US$ 393 y US$ 395 por tonelada.
Las proyecciones del sector agrícola estadounidense ahora se centran en los detalles de los nuevos volúmenes exigidos para los biocombustibles, incluyendo el maíz destinado a la producción de etanol, así como en el informe anual de siembra que el Departamento de Agricultura (USDA) publicará el próximo martes. Se anticipa una reducción en el área sembrada de maíz, un cultivo con alta demanda de nitrógeno, y un incremento en la superficie dedicada a la soja, motivado principalmente por la estructura de costos y la mayor rentabilidad que ofrece la soja, con precios un 10% superiores a los de inicios de año. Paralelamente, en Argentina, se ha autorizado a las empresas petroleras a aumentar hasta un 15% la proporción de etanol en las gasolinas. Esta medida busca amortiguar el impacto del encarecimiento de los derivados del petróleo y estimular la demanda de maíz, en el contexto de una cosecha récord proyectada por la Bolsa de Cereales en 57 millones de toneladas, de la cual ya se ha recolectado el 15%.
En Uruguay, la planificación de la siembra de invierno se ve condicionada por un escenario desafiante, donde el incremento de los costos de fertilizantes y combustibles ejerce una presión adicional sobre los márgenes de rentabilidad. Para ser viables, los cultivos demandan una productividad excepcional, cercana a los rendimientos históricos más altos. Dentro de este contexto, la cebada presenta una perspectiva significativamente más favorable que el trigo, al cotizar alrededor de US$ 240 por tonelada en la posición de diciembre en Chicago, lo que representa unos US$ 50 por encima de los valores de la zafra anterior. El trigo, por su parte, ha registrado una mejora más modesta, situándose entre US$ 180 y US$ 190 por tonelada, en línea con la cebada forrajera y respaldado por la demanda del sector ganadero. La colza emerge como una opción destacada, con precios locales de US$ 500 por tonelada, consolidándose como el cultivo de invierno con mayor potencial de margen, al punto que la disponibilidad de semillas podría agotarse. Respecto al arroz en la región, su precio sigue una trayectoria ascendente, aproximándose a los US$ 12 por bolsa, con un incremento superior al 11% en el último mes, impulsado por la robusta demanda brasileña y las dificultades en las etapas finales de su ciclo de cultivo y recolección. En Uruguay, la cosecha de arroz ha progresado esta semana hasta el 33% del área total, superando el ritmo de la zafra previa, que alcanzó un volumen récord de más de 1,7 millones de toneladas.
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