Ferber, expresidente del INAC, Cuestiona el Alto Costo y Calidad del Pollo en Uruguay y Denuncia un «Lobby Poderoso»

Conrado Ferber, expresidente del Instituto Nacional de Carnes (INAC) durante el período 2021-2025 y productor agropecuario, ha emitido un fuerte cuestionamiento sobre el estado actual de la industria avícola en Uruguay, exponiendo su mirada sobre la segunda carne más consumida en el país. En una columna de opinión publicada en el sitio agropecuario *atomorural.com*, Ferber denunció un sistema que, según su análisis, condena al consumidor a pagar precios elevados por un pollo de dudosa calidad, señalando la existencia de un «lobby poderoso» y un «mercado cautivo».

Ferber resalta una particularidad del mercado uruguayo: a diferencia de gran parte del mundo, donde el pollo es una proteína económica y accesible, en Uruguay su valor es desproporcionado. Subraya que la suprema de pollo se vende casi al mismo precio que un corte de carne vacuna, una situación que describe como una «rareza». Esta anomalía, según el exjerarca del INAC, no se debe a la capacidad de conversión del animal o a la eficiencia productiva de la industria, sino a un complejo entramado político y empresarial que ha mantenido «blindado» al sector avícola. Este blindaje se remonta al fracaso de las exportaciones a Venezuela, justificado entonces como una medida para dar tiempo a la industria a reconvertirse y buscar mercados más exigentes.

La protección del mercado se concreta mediante varias estrategias: las importaciones están limitadas a solo el 5% del consumo interno, los permisos se otorgan por sorteo y existen exigencias técnicas que dificultan significativamente la entrada de producto extranjero. Adicionalmente, se ha reducido artificialmente la vida útil del pollo congelado importado a diez meses, a diferencia del estándar internacional de doce meses. Estas medidas resultan en que el pollo local se comercialice apenas por debajo del vacuno, generando, a juicio de Ferber, márgenes «extraordinarios» o encubriendo «ineficiencias» productivas.

Detrás de esta estructura protectora, Ferber identifica un «lobby poderoso» que ha logrado instalar argumentos culturales para resistir inversiones en estándares internacionales de enfriamiento o la implementación de sistemas de control de calidad como el HACCP. El desenlace es un mercado que califica como «cautivo, caro y de calidad discutida», donde es el consumidor quien asume el costo de un modelo productivo que no logra la habilitación necesaria para la mayoría de los mercados externos.

El elevado precio del pollo en Uruguay acarrea consecuencias adicionales que van más allá de lo económico. Una de las más preocupantes es el incremento «imparable» del contrabando desde Brasil. Estos pollos ingresan al país en condiciones sanitarias precarias, sin la adecuada cadena de frío ni controles de inocuidad, distribuyéndose en el circuito informal y representando un grave riesgo para la salud pública. Ferber destaca la paradoja de que la misma protección que encarece el producto local facilita la proliferación de este peligroso comercio ilegal.

Asimismo, el ex-INAC advierte sobre los riesgos económicos latentes para la industria. Aunque Uruguay posee condiciones ideales para una avicultura moderna —con granos baratos y abundante agua—, la industria local, «adormecida» por la protección, podría verse rápidamente superada y desplazada por inversores con plantas automatizadas y estándares internacionales. Ferber refuta el argumento de una supuesta falta de recursos, indicando que, apelando a las exoneraciones vía COMAP, se han realizado inversiones millonarias en infraestructuras como plantas de silos, granjas propias e incluso en la ampliación de industrias, pero siempre manteniendo el mismo «sistema ineficiente y obsoleto», evitando incluso el uso de façoneros (engordadores tercerizados).

La cuestión fundamental que Conrado Ferber plantea es si el país «seguirá sosteniendo un sistema que condena al consumidor a pagar caro por un pollo de dudosa calidad». Su llamado es a «abrir el juego» con reglas claras y estándares internacionales, buscando una verdadera transformación de la industria que permita a Uruguay posicionarse como un actor relevante en el mercado global. Según Ferber, mientras el sector permanezca protegido, será muy difícil su desarrollo y consolidación, y persistirán los riesgos económicos, políticos y sanitarios que hoy lo caracterizan, afectando a un rubro del que dependen muchas personas.

Fuente: Enlace Original

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