Los mercados de granos experimentan una semana de fuertes ajustes, con el trigo liderando una marcada caída.

Durante la última semana de mayo de 2026, los mercados de granos se vieron sacudidos por importantes fluctuaciones, según un análisis de Blasina y Asociados. Los precios del maíz y el trigo experimentaron descensos significativos, oscilando entre el 3,5% y el 5%, mientras que la soja y la colza mostraron mayor resiliencia gracias a la solidez del mercado de aceites, a pesar de la caída global del precio del petróleo.

**Trigo: un marcado descenso al inicio de la zafra**
El trigo fue, sin duda, el cultivo más afectado de la semana, sufriendo un importante revés en sus precios justo al comienzo de la nueva temporada de producción en Uruguay. La cotización de diciembre de 2026 en la Bolsa de Chicago cerró con una caída semanal del 5,5%, tras una fuerte baja el viernes. Este cereal pasó de valer 249,5 a 236,2 dólares por tonelada. Este escenario de descenso se dio en gran parte por las expectativas de un posible acuerdo entre Estados Unidos e Irán, lo que provocó que el precio del petróleo cayera a 91 dólares por barril, su nivel más bajo en un mes. Esta tendencia bajista se produce en un momento crucial para Uruguay, coincidiendo con el inicio de la siembra de trigo y cebada. Las repercusiones de esta baja fueron directas para la cebada cervecera en el país, cuyas referencias se ajustaron de 250 a casi 235 dólares por tonelada, un contraste notable con los volúmenes de fijación de años anteriores. El mercado de trigo ya había asimilado una reducción en la producción estadounidense debido a factores climáticos. Ahora, la presión adicional proviene de la entrada de la nueva cosecha al circuito comercial, sumada a las proyecciones de una abundante cosecha en Rusia, estimada en unos 90 millones de toneladas, y la mejora de las condiciones en los cultivos de la Unión Europea gracias a las recientes lluvias que mitigaron la ola de calor.

**Soja: la resiliencia impulsada por los biocombustibles**
A pesar de la tendencia general a la baja, la soja mostró una mayor estabilidad, respaldada principalmente por la fortaleza del mercado de aceites, especialmente el de soja, que alcanzó un nuevo récord de 1.716 dólares por tonelada el viernes. Este aceite ha escalado un 6% en mayo y un notable 57% desde principios de año, proveyendo un colchón a la oleaginosa. En cuanto a las cotizaciones, la posición de julio de la soja experimentó un leve ajuste, descendiendo de 439 a 436 dólares por tonelada. En Uruguay, las referencias se mantuvieron estables entre 400 y 405 dólares, en un contexto de cosecha prácticamente concluida. A lo largo de mayo, la soja registró una corrección del 1,4%, equivalente a 6 dólares por tonelada, concentrada principalmente en las últimas dos semanas del mes. Diversos factores contribuyeron a esta presión a la baja, como la significativa disminución del precio del petróleo, el favorable progreso de la siembra en Estados Unidos y la escasa actividad de compra por parte de China en el mercado norteamericano. Sin embargo, la demanda sostenida de la industria de los biocombustibles continuó impulsando el precio del aceite, lo que a su vez brindó un sólido soporte a la soja.

**Maíz: presiones a la baja; Colza y Carinata: mercados firmes**
El mercado del maíz en Estados Unidos también se vio afectado negativamente por el descenso del petróleo, registrando una pérdida del 3,5% y cerrando la semana con una cotización de 175 dólares por tonelada para la posición de julio. El progreso acelerado de la siembra de maíz, junto con un menor volumen de exportaciones, añadió presión a la baja sobre sus precios. Por otro lado, en el mercado europeo, la colza y la carinata mantuvieron una postura de firmeza. Aunque experimentaron fluctuaciones en sus cotizaciones, no siguieron la misma tendencia de ajuste a la baja que el crudo. En Uruguay, las referencias para la colza se situaron entre 540 y 545 dólares, mientras que la carinata osciló entre 585 y 590 dólares. Se proyecta que la superficie dedicada a la carinata alcanzará entre 15 mil y 20 mil hectáreas, una cifra ligeramente inferior a la del año anterior. Esta reducción, a pesar de los atractivos precios, se atribuye a la demora en el lanzamiento del plan comercial, que encontró a muchos agricultores con sus decisiones de siembra de invierno ya tomadas. En esta zafra, las oleaginosas de invierno se perfilan como los cultivos predominantes en superficie, con siembras en fechas óptimas. A pesar de los repuntes de valor que han experimentado el trigo y la cebada, estos cereales aún requieren rendimientos cercanos a los récords para cubrir sus altos márgenes de equilibrio, distanciándose de los promedios habituales.

**Arroz: consolidación de la productividad**
En lo que respecta al arroz, el Taller de evaluación de la zafra del INIA estimó un rendimiento de 9.338 kilogramos por hectárea. Este dato marca el quinto año en que la productividad supera las nueve toneladas por hectárea en las últimas seis temporadas, lo que establece un nuevo estándar de rendimiento para este cultivo. Este notable aumento se atribuye en gran parte a la variedad INIA Merín, que, representando el 38% del área total cultivada, exhibió una productividad superior a la media, alcanzando los 9.716 kg/ha. El análisis regional reveló diferencias significativas, con la zona norte destacándose con 9.655 kg/ha, superando al centro (9.302 kg/ha) y al este (9.282 kg/ha). Mientras tanto, en Brasil, el precio del arroz, que había mostrado una recuperación gradual durante la cosecha, sufrió un retroceso. Por segunda semana consecutiva, cerró por debajo de los 12 dólares por bolsa, situándose en 11,79 dólares, su valor más bajo en los últimos tres meses.

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