Luz amarilla para cultivos de invierno: la guerra castiga, suben los costos y se precisan más y más kilos

**TITULO:** Campaña de Invierno: Costos Al Alza por Conflictos Globales y la Imperativa Búsqueda de Mayor Productividad

La temporada de siembra de cultivos invernales para el ciclo agrícola 2026/27 se inicia en un contexto económico desafiante, especialmente para el trigo, generando preocupación entre los productores y demás participantes de la cadena productiva nacional.

El incremento de los gastos, directamente vinculado al conflicto en Medio Oriente, eleva los niveles de rendimiento necesarios para alcanzar la rentabilidad –que ya eran elevados el año anterior– en aproximadamente 100 kilogramos por hectárea, afectando tanto al trigo como a la cebada y la colza. Esta adversidad, originada por la guerra y sus repercusiones, generará una fuerte incertidumbre en los próximos meses sobre los precios de insumos cruciales como los fertilizantes nitrogenados (para la segunda aplicación en julio/agosto) y el combustible (durante la cosecha en noviembre/diciembre). Además, los agricultores se exponen a una primavera potencialmente lluviosa debido al fenómeno de El Niño, lo que representa un riesgo significativo, particularmente para los cereales.

Esta situación se ve anticipada por las precipitaciones de las últimas semanas, que ya complican aún más una campaña de verano que, desde su inicio, ha presentado dificultades y se encuentra en su fase decisiva. Retomando los costos para la temporada invernal, la variable más volátil e impredecible es la de los fertilizantes nitrogenados, que constituyen la mayor incidencia en la estructura de gastos de la campaña.

**Se perfila un récord para las oleaginosas invernales**

En medio de tantas incertidumbres, una tendencia clara emerge: se sembrará la máxima extensión posible de oleaginosas invernales. El área total podría rondar las 400 mil hectáreas, incluyendo colza, carinata y camelina, según las proyecciones de las empresas semilleristas basadas en la demanda. Aunque los planes comerciales de camelina aún no habían sido divulgados al cierre de este informe, la colza podría alcanzar las 350 mil hectáreas, superando el récord de 348 mil de la zafra 2023. Las variedades de semillas más solicitadas ya están agotadas, lo que es la señal más contundente de la dirección que toma el productor, quien enfrenta un mercado triguero poco atractivo y perspectivas para la cebada que, aunque mejoraron en el último mes por los precios, mantienen márgenes muy ajustados.

**La colza acapara la atención**

Entre los miembros de la Federación de Grupos CREA (Fucrea), la colza escaló del tercer al primer puesto en superficie sembrada en la zafra 2025. Por primera vez, fue el cultivo dominante entre los productores de la federación, pasando de 17.894 a 30.912 hectáreas, un aumento del 73% entre 2024 y 2025. En contraste, el trigo retrocedió un 12% (de 33.200 a 29.200 hectáreas) y la cebada disminuyó un 20% (de 27.000 a 21.500 hectáreas) dentro de un área récord de más de 93 mil hectáreas de Fucrea. Otros cultivos –principalmente carinata y forrajeras para semillas– vieron su superficie aumentar un 45% hasta las 11.700 hectáreas. Para el presente año, se anticipan pocos cambios en esta distribución, según señaló el asesor Gonzalo Invernizzi en la Jornada de Cultivos de Invierno de Fucrea el 8 de abril.

El contexto favorece a la colza, que ofrece una mejor adaptación a primaveras lluviosas y, combinada con la soja de segunda, ha brindado históricamente los mejores resultados económicos del sistema, superando a la rotación trigo-soja, indicó el técnico de Fucrea, Mathías Soumastre. No obstante, las decisiones económicas entran en conflicto con las agronómicas, ya que la repetición de colza o de cualquier brásica año tras año eleva considerablemente los riesgos sanitarios. Por ello, a pesar de las grandes diferencias de precios entre cultivos, los cambios de área no tienen por qué ser drásticos.

**Presupuestos de Sofoval: El trigo al límite**

El costo proyectado para la siembra de trigo se incrementa en US$ 97 respecto a 2025, alcanzando los US$ 890 por hectárea, frente a los US$ 793 anteriores, sin considerar renta ni imprevistos, según la planilla de costos de Sofoval publicada el 9 de abril. El rendimiento de equilibrio asciende de 4.200 a 4.300 kilos por hectárea, con una producción esperada de 4.500 kg/ha. Si la tierra es arrendada, el punto de equilibrio se sitúa en 5.000 kilos por hectárea. El rendimiento de trigo entre los productores de Fucrea el año pasado fue de 5.080 kilos por hectárea, lo que implica que, incluso con un clima favorable, sería necesario un desempeño excepcional para equiparar los gastos.

El aumento de los costos se concentra en el fertilizante nitrogenado, que sube de US$ 140 a US$ 238 por hectárea, mientras que el costo de aplicación de NPK se mantiene estable en US$ 89/ha. El resto de los insumos experimenta una ligera baja de US$ 177 a US$ 166/ha, debido a reducciones en el precio de la semilla y el preemergente. El costo de las labores se incrementa en US$ 4, llegando a US$ 224, y entre los costos de poscosecha, el flete se mantiene estable en US$ 16,5 por tonelada (para un viaje de 60 km), mientras que el secado ajusta de US$ 10 a US$ 10,6 por tonelada este año. Sin embargo, surge aquí una incógnita geopolítica: ¿cuál será el valor del gasoil a lo largo del año? Posiblemente, comenzando en mayo, cuando arranca la siembra, con un precio superior al actual.

El trigo se distingue por ser el cultivo de invierno que más ha incrementado su rendimiento, con 211 kilos anuales en la última década, impulsado por mejoras en el paquete tecnológico y la genética, como expuso Invernizzi. La cebada aumenta 144 kilos por año, mientras que la colza muestra un avance «bastante estancado», con un incremento de solo 31 kilos anuales.

Los costos para la cebada ascienden este año US$ 97 por hectárea, alcanzando los US$ 906 sin considerar renta ni imprevistos, un 12% más que el año anterior según el presupuesto de Sofoval, debido al salto en el precio de la urea (de US$ 140 a US$ 238/ha). El rendimiento de equilibrio aumenta de 4.000 a 4.100 kilos por hectárea. En el resto de los insumos, se estima un costo de US$ 200, US$ 10 menos que en 2025, por reducciones en los precios de la semilla (de US$ 75 a US$ 68 por hectárea), así como en graminicida, fungicida y herbicida.

La colza, en las proyecciones de Sofoval, presenta un costo sin renta ni imprevistos que aumenta US$ 133 por hectárea, pasando de US$ 670 a US$ 803. La diferencia es mayor que en los cereales porque al incremento del precio de la urea, principal causa del alza de costos en todos los cultivos, se suma en el caso de Sofoval un ajuste de 130 a 150 kilos por hectárea en las aplicaciones respecto al año anterior. Así, el costo de la urea por hectárea prácticamente se duplica, de US$ 121 a US$ 238 en 2026. La fertilización se complementa con Supersimple, que experimenta una suba de US$ 75 a US$ 86 por hectárea. Los costos de flete y secado para la colza se mantienen estables respecto a 2025, con un leve incremento de US$ 8 hasta US$ 270/ha en los costos de labores para este año y de US$ 4 hasta US$ 111 en la poscosecha. El menor tonelaje producido por hectárea, con toneladas de mayor valor, diluye el impacto en los costos. Estos valores de referencia previos a la siembra están sujetos a cambios, particularmente en función de la evolución de los precios de los fertilizantes y los combustibles. La urea, presupuestada en abril a US$ 793 por tonelada, es la variable más incierta y genera dudas sobre su valor y disponibilidad en el momento de las refertilizaciones.

**Fucrea y los rendimientos de equilibrio**

Mathías Soumastre presentó la presupuestación de Fucrea para la campaña 2026/27, con un costo por hectárea en trigo que asciende en US$ 118, llegando a US$ 854 por hectárea. El de cebada aumenta US$ 46, hasta US$ 839/ha, y la colza suma US$ 176, con un presupuesto de US$ 713 por hectárea este año, frente a US$ 537 en la zafra anterior. Los rendimientos de equilibrio antes de considerar la renta se estiman en 4.449 kg/ha para trigo, 3.599 para cebada y 1.396 para colza.

¿Cuán alcanzables son estos rendimientos? En los últimos dos años, el 57% de las empresas logró el piso de rendimiento en trigo, el 87% en cebada y el 83% en colza. El rendimiento de equilibrio post-renta es mucho más exigente, con 5.334 kilos para trigo, 4.294 para cebada y 1.693 en colza. En trigo, solo el 24% de las empresas CREA los obtuvieron en 2024 y 2025, mientras que en cebada y colza lo lograron el 66%. «La diferencia entre trigo y cebada es casi puramente de precio», afirmó Soumastre, «lo que deja al trigo en una situación un poco más compleja con los precios actuales y los fertilizantes caros». En colza, incluso con rendimientos de 1.700 kilos por hectárea, el margen es positivo a los precios actuales superiores a US$ 500 por tonelada.

**Los costos aumentan rápidamente, los precios de los cereales lo hacen lentamente**

Los márgenes en las presupuestaciones previas a la siembra se han estrechado al límite en los cereales. La colza, a pesar del mayor aumento relativo en sus costos, consolida su posición como el cultivo preferido por excelencia y el único que puede asegurar un margen positivo.

El precio estimado para el trigo es de US$ 220 por tonelada, superior al actual de US$ 190 por tonelada, y con un rendimiento esperado de 4.500 kilos por hectárea según los presupuestos de Sofoval. La muy probable reducción de la siembra de trigo a nivel global, debido a la presión de los fertilizantes, podría estimular los precios. El rendimiento de equilibrio sin pago de renta se sitúa en 4.300 kg/ha y el margen neto proyectado es de apenas US$ 50 por hectárea, el más estrecho de los tres cultivos. Es importante recordar que en 2025 el trigo también fue presupuestado a US$ 220/ton y se comercializó por debajo de ese valor, a un promedio de US$ 190, en parte por el bajo nivel de proteína que se trasladó a los precios: menos trigo con calidad panificable y más trigo forrajero que encontró un piso gracias a la importante demanda de corrales y tambos, que actualmente pagan el precio presupuestado. En Australia, la superficie triguera se reducirá a su nivel más bajo en siete años, una caída del 10% para priorizar cebada y colza, cultivos menos intensivos en nitrógeno. Sin embargo, el impacto de estos movimientos en el precio internacional es lento. A corto plazo, el cultivo de trigo en el hemisferio Norte ya está avanzado y no se ve afectado por la suba de precios de fertilizantes y combustibles. Todavía no hay estimaciones respecto al área de trigo de Argentina.

La cebada mejoró su ecuación en las últimas semanas, pero en un mercado con menor demanda. El precio estimado por Sofoval es de US$ 233 por tonelada, con un rendimiento esperado de 4.500 kg/ha, un rendimiento de equilibrio de 4.100 kg/ha –por encima de los 4.000 kg/ha proyectados la zafra pasada– y un margen neto proyectado de US$ 90 por hectárea. La superficie de cebada podría mantenerse o aumentar ligeramente en comparación con la del año pasado, que fue la más baja en ocho temporadas. Maltería Oriental aspira a incrementar la superficie de cebada de 62 mil a 75 mil hectáreas, mientras que Ambev, la otra maltería, proyecta una reducción de 80 mil a 70 mil hectáreas sembradas, en un contexto de menor demanda y mayores existencias. La ventaja estructural de la cebada frente al trigo es que los productores ya pueden ir cerrando volúmenes al 100% del valor del trigo de diciembre en la Bolsa de Chicago, que en las primeras dos semanas de abril se ha movido entre US$ 225 y US$ 235 por tonelada. Hace un año, el precio estimado era de US$ 214, un valor que fue disminuyendo hasta US$ 190 en cosecha. A la inversa de lo ocurrido con el trigo en la zafra pasada, la buena calidad de la cebada se reflejó en un muy bajo porcentaje de rechazo en malterías, con un rendimiento medio alto, superior a 4.640 kg/ha. Sin embargo, el precio inferior al esperado (US$ 190 en lugar de US$ 200/ton) resultó en un margen negativo de -US$ 13 en los promedios de Fucrea.

La colza el año pasado fue presupuestada a US$ 440 por Fucrea y la cosecha se comercializó en promedio a US$ 500, dejando un margen post-renta de US$ 149 por hectárea, solo superado por la carinata con US$ 175/ha. En la última semana, los productores han podido cerrar volúmenes de colza a valores de US$ 510 a US$ 514 por tonelada, con precios impulsados por la subida del euro frente al dólar y referencias de US$ 580 a US$ 585/ton en el mercado Matif de París, de referencia para Uruguay. La estimación del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) indica que la producción de colza fue de 370 mil toneladas en la zafra 2025. Hasta el 15 de abril, se exportaron 320 mil toneladas por un valor de US$ 167 millones a un promedio de US$ 521 FOB por tonelada, según Aduanas. La colza se presenta como el cultivo de invierno más estable, con una variación interanual de rendimiento que no supera el 11%. No obstante, requiere una renovación genética y ajustes nutricionales para superar sus actuales techos de producción y no quedar rezagada en productividad. Este año ingresaron al mercado nuevos materiales genéticos con potenciales de rendimiento superiores a los actuales, lo que podría tener un impacto positivo en el resultado de la colza, se señaló. La variabilidad interanual del rendimiento de trigo es del 20% y del 15% para la cebada, y la nutrición explica la mitad de esa variación en los kilos producidos. «Nos estamos quedando cortos de nitrógeno», afirmó Invernizzi. Pero, evidentemente, el precio de este insumo fundamental depende del conflicto bélico que se desarrolla a miles de kilómetros de Uruguay.

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